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desdoblamientointelectual

Extraviado con queso parmesano

 

Fue ese día cuando se me extravió y no me olvido si hasta mi mente lo busca, lo busca por aquel rincón, por allá en lo alto; también lo busca por debajo y también lo busca por entremedio.

Ese día, la ventanita abierta y el cortinaje a media asta me hizo despertar en rayos, y en rayos y centellas fue cuando abrí los ojos y me di cuenta que éste se me había extraviado.

Desde ese día, mi extravío y mi cabeza loca juegan a tropezarse, se caen y se revuelcan, se paran y se vuelven a caer, se quedan por un buen ratito sobre el suelo los perezosos y yo cansado para esperarlos me voy en sueño.

Si en los sueños me dejo invadir, me acuerdo de mi extravío y corro por todos lados como si me persiguiesen buscándolo, y como un chiste de mal gusto me vuelvo a dormir.

Es la misma locura y mi extravío lo que me tienen enredado y buscando el inicio, así como lo hace un tallarín más, en una olla con salsa de carne y tomates rojos maduros sin pelar.

Es, en el mismísimo momento donde me acuerdo de echar la sal, quien habría imaginado que lo extraviado era la sal, pero con un conchito de aceite de pepa de uva y queso parmesano rallado que no puede faltar.

Y obviamente el plato tampoco puede faltar, y que se me había extraviado si ya no logro ni comprender, mas me quedo sin habla con los ojos englobados y me pongo nuevamente a recordar, ¿no será que lo extraviado es mi pensar?.

La cabeza loca, y aún a los tallarines le falta un poco de sal, y también falta un poco de agua para coimear al alimento, y hay que estar atento con el ahogo; bueno, eso pasa por no saborear, ni menos darse el febril gustazo de degustar.

Encontrando lo extraviado he hilando más que fino, le saco brillo hasta la tierra y me doy cuenta que mientras recupero también extravío.

Los tallarines servidos sin salsa también son gustosos y más buenos si son con queso, ojo que también los he comido sin queso y he quedado mostrando el ombligo.

Entre medias y postrado, recuperando o extraviando, con salsa o con queso, despertando o durmiendo, con sal o sin sal; sigo imperioso tratando de recordar lo que había extraviado.

Al final de cuentas la vida y los tallarines también se te enredan , falte lo que falte, la necesidad no se olvida y así como se extravían cosas en la vida, también se olvida la sal.

Muy importante antes de empezar el festín; es el no auto extraviarse, que aunque la cabeza sea loca, nunca olvidar donde se deja; porque todo se extravía y no todo se recupera, mucho menos un plato de tallarines.

 

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